La Asamblea Nacional concluye en el día de hoy otro periodo legislativo cargado de sobresaltos, desconfianza y serias dudas acerca de la calidad de su trabajo. Para finales del año pasado, se hizo evidente que la diputada Yanibel Ábrego había reconformado el balance del poder legislativo por razones personalísimas. La primera consecuencia fue la no ratificación de las candidatas a magistradas de la Corte Suprema, propuestas por el Ejecutivo. Posteriormente se desmanteló la Comisión de Credenciales, en un hecho inédito en los anales de la historia de la Asamblea Nacional. Luego apareció el “camarón” legislativo impulsado por un diputado de la bancada del PRD, que además justifica la legitimidad de su acción. Por último, la Asamblea se niega a cumplir con las decisiones de la Corte Suprema de Justicia, que la obligan a divulgar las contrataciones de personal y las donaciones clientelistas que proliferaron de 2014 a 2017. Con este historial, corresponde analizar sobre el mérito que tiene la mayoría de los diputados para ser reelectos. Que el circo en que se ha convertido nuestra legislatura se repita es exclusivamente nuestra responsabilidad.
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30 abr 2018 - 05:00 AM