El trabajo decente es la mejor política pública que resuelve toda la gama de problemas sociales y le reconoce la dignidad a las personas. Más de un millón de trabajadores formales y cientos de miles de informales cargan sobre sus hombros la economía panameña. Cada uno de ellos ha decidido labrar su destino y el de sus familias con su mejor esfuerzo, con sacrificio personal y un fuerte compromiso con el país. Estos panameños no aspiran a una botella en la planilla de los diputados, ni pretenden que sus empleos sean la puerta para riquezas fáciles producto de la corrupción y del blanqueo de capitales. Por el contrario, los trabajadores manuales e intelectuales de campo o de oficina enriquecen nuestra sociedad y a sus familias con logros graduales y una trayectoria de vida fundamentada en la honestidad y la responsabilidad. Estos valiosos hombres y mujeres, que junto a los buenos empresarios de esta tierra, son los responsables de nuestro crecimiento económico y de la posibilidad de que los sueños de un futuro mejor, y las aspiraciones de movilidad social se conviertan en realidad. Hay grandes desafíos en competitividad que debemos enfrentar, pero los panameños tienen la fuerza para superarlo todo con su trabajo.