Los problemas de la Caja de Seguro Social (CSS) no los podrá resolver el director general o su junta directiva. Ni siquiera lo podrá hacer un gobierno. Si las dificultades de la CSS se pudieran expresar en términos somáticos, pareciera que buena parte de sus órganos vitales está seriamente comprometida: la mayoría de sus programas están en problemas; la atención médica, los insumos, sus instalaciones físicas, las medicinas, sus innumerables asociaciones de empleados –que actúan como sindicatos–, sus finanzas, la política. Todo se ha mezclado en una melcocha, cuyo resultado final es un organismo enfermo, en metástasis. La intervención de todos los sectores del Estado es urgente. Este problema atañe a todos nosotros, porque han sido los gobiernos los que han llevado a casi su total fracaso esta institución, gracias al galopante clientelismo, que ha infectado el tejido administrativo y técnico de la institución. Dejarle esta responsabilidad al gobierno que sea es engañarnos sobre las múltiples y urgentes soluciones que requiere la CSS. Pero, sobre todo, es prolongar por corto tiempo sus evidentes estertores. La CSS es de todos y este es el momento de hacer algo, no cuando sea un cadáver.
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13 ago 2018 - 05:00 AM