La XIV Feria Internacional del Libro ha tenido éxito en convertir a la ciudad de Panamá en una capital de la cultura, demostrando que en nuestro país existen lectores, autores, editoriales y librerías nacionales, que se complementan con el honor y el prestigio de contar con la presencia literaria de un invitado de lujo como es Israel. Ese país cuenta con una importante tradición literaria de alcance universal. Con muchísimos menos fondos de los que se gasta en un Carnaval, esta iniciativa de la sociedad civil, liderada por la Cámara Panameña del Libro, es un festín para los lectores y para todas las personas que están ávidas de cultura y de ideas que nutran el espíritu y enriquezcan la condición humana. No es un accidente que el apoyo gubernamental y político a este evento sea nulo; tanto el oficialismo como la oposición no quieren una ciudadanía informada ni culta. El acto de leer es un mecanismo de transformación y de crecimiento personal. Eventos como la Feria Internacional del Libro han permitido la ruptura de viejos esquemas que afirmaban que los panameños no leemos, o que este era un país en el cual los libros eran inútiles. Durante esta semana, los panameños hemos demostrado que los libros y la literatura son el centro de una rica vida cultural. Somos un país diferente y mucho mejor gracias a este festín literario. Que vivan las letras, y que siga creciendo la familia de los lectores y escritores panameños.
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18 ago 2018 - 05:00 AM