En el orden de prioridades del Municipio de Panamá, la forma siempre va por delante del fondo. Para que la ciudad se vea más agradable durante el fin de año, el Municipio convocó a una licitación de 1.7 millones de dólares para la iluminación, por unas cuantas semanas, de algunas zonas específicas de la urbe. Esta actividad se viene realizando desde 2016, por lo que el Municipio ya debería haber adquirido su propio equipamiento, en vez de alquilarlo todos los años. Con lo que cuesta este proyecto de decoración se podría sufragar la ampliación de la red de videocámaras de seguridad, que tanto éxito ha tenido. Como si fuera poco, a esta licitación solo se apareció un postor, el mismo que ha tenido este contrato desde 2016, y ofertó un precio superior al que estipuló el Municipio. El paso lógico sería convocar a una nueva licitación, pero seguramente no habrá otros postores, porque ninguna empresa va a guardar millones de dólares en iluminación, a la espera de que aparezca algún contrato gubernamental. Más allá del afortunado proceso de licitación, queda claro que el Municipio de Panamá, tanto las autoridades que lo encabezan, como la gran mayoría de los miembros del Consejo Municipal, insisten en festinar con recursos públicos en falsas prioridades, y no en las verdaderas necesidades de una atribulada ciudad de Panamá.
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30 ago 2018 - 05:00 AM