Un día como hoy, hace 50 años, el reloj de la endeble democracia panameña se detuvo. Un puñado de oficiales de la Guardia Nacional rompió con el orden constitucional, violó la ley, cercenó derechos ciudadanos como la libertad de expresión y la participación política partidista. Desconocemos la verdad sobre todos los muertos y desaparecidos del régimen militar. No se ha hecho justicia por los crímenes de la dictadura ni por los gigantescos peculados que antecedieron a los que hoy nos espantan. El alma de los panameños no se ha recuperado de la dictadura militar. El clientelismo y el paternalismo son taras que nos persiguen aún hoy. Los militares supieron explotar los vicios de la política criolla, y dentro de esas grietas construyeron sus regímenes. Aunque el reloj de la democracia retomó la marcha, la institucionalidad camina lentamente. Viejos y nuevos vicios de la política panameña, así como la falta de memoria histórica, pueden propagar la enfermedad que azota a América Latina. Panamá no necesita de nuevos caudillos, sino de más ciudadanos que amen y honren a la libertad, esbocen los valores de la democracia y se comprometan con la justicia.
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11 oct 2018 - 05:00 AM