Óscar Arnulfo Romero -junto a Pablo VI- es el nuevo santo de la fe católica. El mensaje de Romero fue y es sumamente incómodo para la Iglesia que lo ha canonizado. Entonces como ahora, la opción preferencial por los oprimidos y desposeídos ha sido confundida con ideologías contestatarias y se ha usado ese supuesto vínculo para descalificar esas causas. Para quienes consideran la canonización de Romero como una distracción de los escándalos que enfrenta el Vaticano, no se puede desconocer que este prelado tuvo una vida excepcional. América Latina tiene un nuevo santo, pero sigue sufriendo de las mismas injusticias sociales que cuando Romero hacía sus homilías. Los guerrilleros de ayer son las maras y pandillas de hoy. La Iglesia católica canonizó a un hombre, pero la región sigue conviviendo con la impunidad de los grandes crímenes, como los que causaron la muerte de muchos laicos y religiosos. Panamá también tuvo sus Romeros: Héctor Gallego y Nicolás Van Kleef, quienes se enfrentaron a la violencia de la dictadura militar. Se necesita que más héroes, dentro y fuera de las iglesias, luchen por sociedades justas.
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15 oct 2018 - 05:00 AM