Con incertidumbre, desesperación y súplicas. Así aguarda la caravana de migrantes hondureños estancada en México, con intención de continuar a Estados Unidos. Son -por lo menos- 4 mil 500 almas que huyen de la violencia, la falta de oportunidades y el hambre. Las autoridades mexicanas han dado prioridad a mujeres y niños para solventar los trámites migratorios, después de que Guatemala derribara cualquier barrera y dejara el paso fronterizo completamente abierto. Ahora la responsabilidad de detener la marcha quedó del lado mexicano, en una frontera que se ha convertido en un albergue gigantesco. Es una de las crisis migratorias más dramáticas de los últimos años en Centroamérica. ¿Qué va a pasar ahora? En una andanada de tuits y en línea con su retórica de criminalizar a los inmigrantes, el presidente estadounidense amenazó con movilizar sus tropas a la frontera sur y cortar toda ayuda a Honduras, Guatemala y México. Urge velar por los derechos de cada uno de estos migrantes. La caravana no es un conjunto al que se pueda expulsar colectivamente y las autoridades deben atender a cada individuo como tal. Si bien se trata de un movimiento de personas, cada solicitud de asilo debe ser examinada de manera separada. Y como estas causas no suceden por casualidad, atender los factores que llevan a estas personas a escapar de su país, al costo que sea. Los ojos están puestos en lo que sucederá ahora.
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21 oct 2018 - 05:00 AM