El gobierno actual ha sido pródigo en obras, programas sociales, partidas para aceitar el engranaje político y planillas de conveniencia. Entre unas y otras, ha terminado gastando casi el doble que el anterior. Para justificar este manejo, se ha escudado en el argumento de que, a mayor crecimiento, mayor capacidad de endeudamiento. El problema es que el producto interno bruto (PIB) es reflejo de un nivel de consumo que, a su vez, está determinado por el gasto público. Y el gasto público se ha venido alimentando de deuda, dado que nuestro país no ha aumentado su productividad ni desarrollado nuevas fuentes de ingresos. Por mucho tiempo, las calificadoras de riesgo dieron por buenos los manejos de las autoridades panameñas, premiándolos con buenas calificaciones. Ahora, al menos una ha manifestado cierta reserva. Esta ha advertido que la deuda, con relación a los ingresos del Estado, es alta. Y ha apuntado al hecho de que el Gobierno la pretende llevar más arriba, gracias a una reforma que ha subido el techo del déficit fiscal. Valdría la pena vigilar de cerca esta libertad, porque los funcionarios deciden, pero los ciudadanos pagamos.
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25 oct 2018 - 05:00 AM