El proyecto de presupuesto para el año 2019, además de números, oculta un disimulado pacto entre el Ejecutivo y el Legislativo, en el que solo son visibles los millones destinados a los diputados, ahogados en la carencia por la eliminación de las planillas brujas y los negociados con las donaciones. Ahora, el Ejecutivo los oxigena con fondos frescos, en época de reelección. Es decir, compra conciencias para que le pasen sus proyectos de ley o sus nombramientos. A su vez, el proyecto contiene algunos “camarones” –el consabido juegavivo– de los diputados que crean reglas especiales para evitar ser blanco de investigaciones o rendir cuentas o someterse a los controles a los que están sujetas todas las instituciones del Estado. Parecen no darse cuenta de que la creación de todas esas puertas traseras en la Ley de Presupuesto lo que hace es reafirmar la creciente convicción de que ya no son merecedores de ocupar una curul; de que en las próximas elecciones sus votantes deben elegir a otros, porque su deslealtad es sencillamente imperdonable. Los millones y los “camarones legislativos” nos dejan ver claramente que en la Asamblea mora una pandilla de maleantes.
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01 nov 2018 - 05:00 AM