El ausentismo es una vergonzosa constante en el Estado. Mientras los incesantes viajes del presidente contrastan con el incumplimiento de varias de sus obligaciones, la mayoría de los diputados simplemente no se presenta, o sale de licencia, habilitando a suplentes que, a su vez, dejan la curul en acefalía. Como el 72% de los “honorables” - con toda su rigidez facial- aspira a relegirse, el problema se agravará. Encima, mientras los paviolos politiqueen, cobrarán religiosamente $7 mil al mes, sin los rigores del descuento proporcional por ausencias injustificadas –como le ocurre al resto de los trabajadores-, que desde hace nueve años contempla el reglamento orgánico de la Asamblea, pero que nadie se toma la molestia de aplicar. Y, ¿qué dice el Código de Ética del Órgano Legislativo, que existe desde 2002, aunque no parezca? Solo señala que los diputados tienen el deber de asistir “con puntualidad” a su lugar de trabajo. Se ríen de eso, a pesar de que ya están exentos de acudir al pleno legislativo 4 de los 12 meses del año. Lástima que el Código Electoral no prohíba optar por la reelección a funcionarios que han mostrado tanto egoísmo y desprecio por el cumplimiento de las responsabilidades por las que se les paga un jugoso salario. El día que apliquen descuento –y ojalá sea retroactivo-, se acaba el relajo. Y si no, el electorado haría bien en tomar nota y pasar factura tantas veces como sea necesario.
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11 nov 2018 - 05:00 AM