En noviembre de 1949, el pleno de la Corte Suprema de Justicia decidió con gallardía que el presidente de la República no era Roberto Chiari, sino Daniel Chanis. Este fallo desafiaba directamente a la cúpula militar y al poder económico panameño. En otro noviembre, el pleno de la Corte Suprema ha dado muestras de falta de gallardía y de carencia de patriotismo. En lo que parece que se convertirá en otro homenaje a la impunidad, los magistrados debatieron cómo quitarse de encima el caso más importante que tiene este tribunal supremo. Este mismo año, la Corte fue incapaz de condenar el desacato de la diputada presidenta de la Asamblea Nacional, y meses más tarde, le dio una palmadita en la mano a otro diputado responsable por la muerte por atropello de una menor de edad. Los magistrados principales y suplentes que forman parte de esta tragicomedia se saben impunes, no importa el esfuerzo que el magistrado Jerónimo Mejía realizó para garantizar el debido proceso en la causa de los pinchazos. Eso no les importó. Queda claro que vivimos en estado de indefensión total. A una pluralidad de los magistrados de la Corte, y a buena parte de la clase política panameña, no les interesa combatir la corrupción, sino protegerla a como dé lugar.
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30 nov 2018 - 05:00 AM