La firma del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular ha levantado vientos de xenofobia y ha generado debates anclados en la ignorancia y el prejuicio. Aunque no es vinculante, este pacto busca enfrentar el problema de la migración de forma integral. Y quizás este sea el mejor momento para que el mundo reconozca que el verdadero problema no son los migrantes, sino los Estados fallidos, con gobiernos corruptos o sociedades hiperviolentas que son la causa de la migración masiva de sus ciudadanos. Si no se atienden las verdaderas raíces de este fenómeno, los países se verán desbordados por migrantes y refugiados más allá de sus capacidades. Es el caso de Panamá, porque nuestro país –al igual que gran parte de la región– ha tenido una política exterior complaciente con dictaduras y gobiernos corruptos que han provocado olas de migrantes que huyen a países como el nuestro en busca de un futuro mejor. No culpemos a los que tratan de recuperar sus vidas en sociedades más tolerantes, sino a los que causan el terror y le roban los sueños a sus conciudadanos. Son ellos el problema que nadie parece querer resolver, ya sea en Siria, en Venezuela o en Nicaragua.
Exclusivo
Hoy por hoy
12 dic 2018 - 05:00 AM