Las federaciones deportivas se han convertido en un microcosmos de la crisis de valores y del oportunismo social que enferma a toda la nación. En medio de la temporada de renovación de las juntas directivas de los distintos organismos que rigen al deporte, se ha repetido el mismo fenómeno de descaro y cinismo: los políticos vinculados a la Asamblea Nacional han sido reelectos. A pesar del repudio popular por el escándalo de las partidas millonarias de fondos públicos desviadas por los liderazgos corruptos de estas federaciones, los capos han sido reelectos. El primer ejemplo fue de 8 a 0, precisamente del diputado presidente de la Comisión de Presupuesto, la que en teoría debería supervisar el buen uso de los fondos públicos por parte de Pandeportes, pero que -en su lugar- ha sido bendecido por la generosidad de la cartera estatal. Otro político, cuyo rol oficial requiere un compromiso pleno con la Asamblea Nacional, fue reelecto 5 a 0, sin oposición alguna. En contraste, la mayor gloria del deporte aficionado, el único ganador de una medalla de oro olímpica, Irving Saladino, se aparta de las pistas con el ánimo de rescatar a la federación de atletismo, pero se retira de la competencia por no contar con el apoyo de su propio gremio. Hemos cedido el deporte al dominio del “¿qué hay pa’ mí?”.
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22 dic 2018 - 05:00 AM