Hoy por hoy

Las obras que desarrolla el Gobierno para mejorar la interconexión entre la capital y el oeste del país son costosas, pero carecen de políticas que eviten que estas nuevas vías se conviertan en las calles principales de pobladores que seguramente buscarán la manera de construir alrededor de las nuevas carreteras. La Interamericana, por ejemplo, fue construida sin la existencia de muchos de esos pueblos que hoy la rodean. Ello ha traído como consecuencia el peligro al que se exponen miles de personas que deben atravesar sus cuatro carriles para trasladarse de un punto a otro dentro de los pueblos que habitan. El Gobierno, para contener ese impulso de construir alrededor de las nuevas carreteras, debe adoptar leyes que permitan la libre circulación vehicular, sin los obstáculos que supone atraversar un poblado. De esa manera se evitarán atropellos y colisiones, sin contar las obras dirigidas a los peatones que no utilizan, como los pasos elevados. Es urgente que el Ministerio de Obras Públicas propicie nuevas legislaciones en esta materia o, de lo contrario, tendremos vías costosísimas convertidas en calles pueblerinas, porque nadie planifica en Panamá.

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