Ayer, durante su discurso ante la Asamblea Nacional, no se sabe si con el propósito de tachar el punto de su lista de promesas incumplidas o de retar a la Asamblea, el presidente Varela revivió la reforma constitucional: anunció que consultaría sobre la posibilidad de añadir a la consulta del 5 de mayo una pregunta sobre la mejor manera de llevarla a cabo. Hizo el anuncio sin haber consultado al Tribunal Electoral acerca de su viabilidad. Prefirió hacerlo con posterioridad al acto en la Asamblea, en una visita que tuvo más de espectáculo que de sustancia. La ligereza con que el presidente ha manejado el tema es alucinante. Lo incluyó entre sus promesas de campaña, pero nunca demostró convicción ni compromiso con la reforma. De hecho, la engavetó hasta que, presionado por las circunstancias, instruyó al ministro de la Presidencia para que realizara unas consultas, consultas cuyos resultados nunca se conocieron. Si su iniciativa pasa, le estará garantizando a su sucesor, y de paso al país, una bienvenida plagada de incertidumbre e inestabilidad. Si no, podrá decir que lo intentó. Así de fácil, así de inconsecuente y politiquero.
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03 ene 2019 - 05:00 AM