La decisión del Gobierno de Panamá, de no reconocer el nuevo mandato de Nicolás Maduro como jefe del Ejecutivo de Venezuela, no solo ha sido acertada, sino justa con el pueblo de esa hermana nación, que sufre desde hace años la presencia de un consumado y completo autoritario, que no siente el menor respeto por las leyes y Constitución de su país. El pueblo venezolano comprometido con la democracia agradece profundamente este gesto, no solo de Panamá, sino de varios otros países de la región, que se suman a la lista de los que no reconocerán al nuevo gobierno. Por primera vez se ha actuado al unísono, con decisión y acogiendo el clamor de ciudadanos que han tenido que pagar con vidas, sangre y libertad sus gritos de democracia y justicia. Nicolás Maduro puede quejarse de esta posición adoptada por Panamá y el resto de los países, pero jamás podrá callar a un pueblo que se ha levantado en su contra por este nuevo e ilegítimo mandato. La comunidad internacional –por fin– toma conciencia del estado agónico en el que se encuentra la democracia venezolana, y Nicolás Maduro –así como sus cómplices– sufrirán el aislamiento que se han ganado con sus arbitrarias actuaciones.
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11 ene 2019 - 05:00 AM