El Panamá Jazz Festival, esta vez en su décimo sexta versión, ofrece una magnífica oportunidad de aprender y disfrutar de este género de la música que tantos adeptos, entre músicos y aficionados, tiene en nuestro país. Para los que añoran un país con mayores oportunidades culturales, este festival es una infusión de oxígeno. Para los que claman por mayor educación, esta es una oportunidad de aprender, porque no solo se trata de conciertos, sino también de talleres. Para los que han perdido la fe en lo que se puede hacer por este país, es un ejemplo de que una golondrina sí hace verano. Danilo Pérez habría podido abstraerse de la a veces triste y mezquina escena nacional, y llevar su vida profesional e incluso personal en sociedades más educadas, más receptivas a su arte e incluso más generosas en las recompensas que ofrecen a un músico. Sin embargo, ha optado por regresar, una y otra vez. Y lo ha hecho con vocación de educador y con pasión de artista. Celebremos, pues, la llegada del jazz, la llegada de Danilo y de todos los profesionales que convoca este festival, y démonos el gusto de disfrutar de este banquete musical.
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16 ene 2019 - 05:00 AM