La Jornada Mundial de la Juventud parece estar convirtiéndose en uno de esos eventos que unen a buena parte de nuestra población. Muchos parecen haber dejado a un lado sus diferencias y, en un ejercicio de solidaridad y tolerancia, muestran su mejor cara a los miles de peregrinos que llegan a nuestro pequeño país. Todavía es prematura la evaluación del respaldo estatal a los manejos logístico, sanitario y de seguridad; también para medir lo que esta cita aportará a la imagen y economía del país y, por supuesto, lo que ganaremos y perderemos como sociedad. Por el momento, es justo reconocer que estamos ante una singular oportunidad de irradiar energía positiva a nuestros visitantes y, además, presentar al voluntariado como una fuerza transformadora, desde las parroquias, la sociedad civil organizada y las familias de acogida que se han constituido en verdaderas plataformas de aporte y contribución. Mientras en otras latitudes lloran ante escenas de violencia, es una motivación esperanzadora que en Panamá podamos regocijarnos, así sea momentáneamente, con imágenes de comunidades de diferentes regiones del país que celebran la llegada de los visitantes y de cientos de personas afanadas en ser anfitriones y que, venciendo barreras idiomáticas y socioculturales, comparten con el mundo nuestra idiosincrasia, costumbres y riquezas naturales. No cabe duda de que los panameños están siendo los protagonistas de uno de esos momentos en que de la sociedad aflora lo mejor de sí.
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19 ene 2019 - 05:00 AM