Tras meses de preparación y más de una semana de eventos que incluyeron trabajo social, encuentros artísticos y actividades religiosas, ayer concluyó en nuestro país la Jornada Mundial de la Juventud, con la participación activa de miles de panameños que se involucraron de distintas formas para hacer posible el encuentro de masas más importante de nuestra historia reciente. Quedan muchos mensajes y lecciones de un valor intangible, que se alinean con la verdadera definición de “éxito” sobre los que vale la pena reflexionar, especialmente cuando no disponemos a renovar nuestras autoridades. Las principales tienen que ver con nuestra autoestima y nuestras pesadumbres. ¡Qué bueno fue ver esa marea de rostros jóvenes, de lenguas y culturas tan diversas, caminando, bailando, interactuando en nuestras calles, sin importar color de piel, nacionalidad o condición social! Todos conectados con la vida. Esos chicos se apropiaron, por ejemplo, del espacio público que poco a poco habíamos cedido. ¡Qué bueno que las autoridades –incluso con la prueba del apagón– puedan hacer funcionar los servicios públicos de manera más eficiente! Uno de los desafíos como nación es convertir el llamado del papa Francisco de abandonar la indiferencia que nos corroe como sociedad en una especie de tábano que nos aguijonee cada vez que nos dormimos y renunciamos a la esperanza. Un mejor país siempre es posible.
Exclusivo
Hoy por hoy
28 ene 2019 - 05:00 AM