El centro de convenciones de Amador, una pieza fundamental en plan turístico del país, enfrenta una nueva adversidad. Se trata de una cantidad absurda de fallas estructurales que el contratista, un consorcio chino-panameño, no ha logrado subsanar a pesar de que la obra lleva ya 80% de avance. Este proyecto fue una de las obras faraónicas que comenzó el gobierno de Ricardo Martinelli y que heredó la actual administración, con una gran cantidad de situaciones que hubo que resolver. Pero nada justifica que, en estos momentos, cuando debió entregarse en diciembre del año pasado, nos enteremos de que su construcción se encuentra plagada de ineficiencias en el concreto, el acero y hasta en el sistema contra incendios. ¿Cómo llegamos a este punto sin que las autoridades alertaran sobre esta irresponsabilidad, que no solo podría costarle millones de dólares al erario, sino que además arriesgaría a las 25 mil personas que puede alojar esta estructura? Situaciones como esta menoscaban la confianza de que el Estado pueda tomar decisiones oportunas garantizando el interés público, aun cuando se trate de temas espinosos. Ojalá que este no sea otro ejemplo de que lo que empieza mal, termina mal.
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18 feb 2019 - 05:00 AM