La Contraloría General de la República publicitó el hallazgo de presuntas “botellas”, funcionarios que supuestamente cobraban sus salarios sin trabajar, en una institución muy poco examinada por la ciudadanía: el Instituto Panameño Autónomo Cooperativo (Ipacoop). Esta institución es clave para la buena gestión de un importante sector de nuestra economía; sin embargo, esto le importó bastante poco a los políticos que aparentemente la convirtieron en un botín. Pero esta planilla, a diferencia de la 002 y la 080, no le pertenece a la Asamblea Nacional. Por el contrario, está controlada por el Ejecutivo. Cada centavo que gasta el Gobierno nos pertenece y nos cuesta a los ciudadanos en forma de impuestos, tasas y otros tributos, que bien pudieran orientarse a finalidades más productivas, edificantes o de interés común. El hallazgo también refleja un segmento de la cultura del trabajo en el país: hay personas que prefieren vivir como parásitos de los fondos estatales, que trabajar y esforzarse en desarrollar nuevas capacidades laborales para obtener un empleo digno. Esos son los resultados del clientelismo y del paternalismo. Por eso, en la inimaginable jungla de la burocracia panameña, cientos de millones de dólares se desperdician en empleos fantasma y en una creciente organización gubernamental aturdida por la ineficiencia. Las “botellas” son un robo y una traición a la gente que sí trabaja.
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23 feb 2019 - 05:00 AM