Naciones como Noruega, Singapur y Chile han creado fondos soberanos para ahorrar los ingresos públicos con el fin de enfrentar necesidades futuras. En Panamá, desde hace más de 20 años, se creó el Fondo Fiduciario para el Desarrollo, con un capital inicial provisto por las empresas estatales privatizadas, y que después de casi dos décadas nunca pudo crecer porque había sido desangrado por sucesivos gobiernos. Años atrás, con la transformación de esta reserva en el Fondo de Ahorro de Panamá, se creyó que, efectivamente, se conservarían los recursos de la bonanza económica para un futuro incierto. Los sobrecostos, los subsidios, el clientelismo y la corrupción han hecho estragos en las finanzas públicas, incluyendo el FAP. Una vez más, el más reciente cambio de las reglas que rigen este fondo, permite tener cauto optimismo de que nuestro país empezará a ahorrar para enfrentar las necesidades futuras e inciertas que desde el cambio climático hasta la seguridad social amenazan el porvenir. Los aspirantes presidenciales deben comprometerse a que sus políticas económicas van a privilegiar el ahorro sobre el despilfarro y honrarán la obligación de proteger el futuro de los panameños. Es hora de enfrentar la realidad.
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07 mar 2019 - 05:00 AM