Hace más de 200 años se llegó al entendimiento de que si los hombres fueran ángeles no se necesitarían gobiernos; y si los gobiernos fueran formados por ángeles, no se necesitarían leyes. Al parecer, los siete candidatos presidenciales nos quieren hacer pensar que son ángeles, ya que en materia de corrupción sus propuestas han sido vagas o contradictorias con la trayectoria que han tenido los partidos políticos que les acompañan. Mientras algunos nos advierten que se necesita una asamblea constituyente para enfrentar la corrupción de raíz, otros suponen que su mera llegada al poder, y por su voluntad expresa, la corrupción se desvanecería gracias a su supuesto “ejemplo de probidad”. Pero no hay propuestas de qué, cómo y cuándo. La opacidad que ha perseguido los procesos electorales viene de la mano de los grandes donantes y de los intereses vinculados a cada candidato. Los candidatos pudieran empezar publicando su declaración patrimonial e identificando sus posibles conflictos de intereses personales, familiares o por vía de sus donantes. Puede que esta exigencia parezca excesiva, pero no estamos en presencia de ángeles, sino de seres humanos que pretenden disponer de nuestros bienes por los próximos 5 años.
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18 mar 2019 - 05:00 AM