La política electorera es adicta al dinero. El dinero financia las prácticas clientelistas; el clientelismo genera votos; los votos aseguran cargos; y los cargos facilitan negocios. Existe una industria que no solo dispone de los recursos para proveer ese dinero, sino que está sobrada de razones para hacerlo. Se trata del narcotráfico, actividad cuyo carácter delictivo requiere de la protección e influencias que un político o funcionario inescrupuloso puede ofrecer. En las últimas semanas, este medio ha reportado casos aislados que sugieren la existencia de mancuernas política-narcotráfico en nuestro país. La posibilidad de que el dinero de la droga esté infiltrando campañas es real, y así se trate de campañas menores, es motivo de alarma, pues las experiencias de otros países muestran que se empieza apoyando pequeñas candidaturas y se termina comprando altos cargos. Vivir ajenos a esta realidad nos convierte en presas fáciles de este flagelo que, una vez enraizado, es muy difícil de combatir. La lucha contra el narcotráfico y la narcopolítica no solo necesita de funcionarios íntegros y capacitados, sino de electores informados y atentos, que le cierren el paso al primer indicio.
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28 mar 2019 - 05:00 AM