Hace apenas unos años hablar de la producción cinematográfica en Panamá era un tema que se podía considerar como una ficción. El esfuerzo de un puñado de creadores, intelectuales y promotores culturales, y el respaldo amplio del público panameño, han establecido una industria local del séptimo arte. Quizás la mejor vitrina para conocer y destacar estos tesoros del talento nacional es el Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF Panamá), que desde el año 2012 ha venido convocando a los cineastas locales e internacionales para mostrar un cine distinto. Desde todo punto de vista, el IFF ha sido un éxito, ya que por una parte ha ayudado a crearle una audiencia a la producción panameña, y por otra, ha demostrado que el buen cine tiene una cita obligada en Panamá. El IFF Panamá le ha abierto la puerta a autores noveles, al igual que a nombres consagrados del medio audiovisual. Iniciativas como esta son la mejor demostración de que una buena política cultural, fundamentada en alianzas público privadas, y en la educación de la ciudadanía, puede transformar a Panamá en una meca de la cultura y del arte. El cine panameño es una actividad que nos permite vernos reflejados en la gran pantalla, para burlarnos de nosotros mismos, cuestionar nuestra realidad y soñar con otros mundos posibles. El festival es la puerta que nos permite reconocer, admirar y celebrar al talento que nos cuenta grandes historias. Muchas de las cuales son panameñas.
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07 abr 2019 - 05:00 AM