La mayor riqueza de un país no está en sus recursos naturales ni en sus estructuras ni en sus carreteras. Es su gente. Y si tiene educación, es doblemente más rica. Nuestra plataforma educativa tiene décadas de atraso. Eso ha convertido a su gente en dependiente del gobierno de turno. El Estado debe destinar cada año miles de millones en subsidios, porque sencillamente los panameños pobres se hacen más pobres porque necesitan de fondos del Estado para poder subsistir. Estamos hablando de subsidios como la beca universal, al gas, a los autobuses, al metro, a la Caja de Seguro Social, la electricidad, las casas, a los ancianos sin jubilación, etc. Y es probable que se creen más o los montos aumenten, gracias a las promesas de campaña que están haciendo los candidatos presidenciales. En otras palabras, la intervención del Estado en las vidas de las personas es más notoria, y cuenta con la anuencia de los afectados, que ahora creen tener derecho a reclamar estos subsidios y los que vendrán después. Durante décadas, ha sido clamor de la sociedad que se introduzcan reformas a la educación para hacer de los ciudadanos personas productivas, con lo cual nuestra economía mejoraría cada año. Pero, lejos de ello, los gobiernos han sido los alcahuetes entre el dinero fácil y los que reclaman que el Estado les resuelva la vida. Solo la educación hará posible que los ciudadanos recuperen la dignidad que le han arrebatado los gobiernos.
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21 abr 2019 - 05:00 AM