Desde 1920, los panameños hemos tenido el derecho y el privilegio de ejercer el voto para elegir de forma directa al presidente de la República. Las jornadas electorales que siguieron a esa primera elección fueron, en muchas ocasiones, una causa de vergüenza nacional y de ignominia histórica. La tóxica mezcla de fraudes electorales, clientelismo gubernamental, violencia de múltiples bandos, y el tutelaje de las instituciones castrenses, que por cuatro décadas llegaron a decidir al ganador, son parte de un pasado superado. Ahora, 2.7 millones de panameños tienen el derecho de escoger su futuro. Los grandes retos de nuestra democracia son la inequidad, la falta de transparencia, la debilidad de la justicia, la ineficiencia del gasto público, el creciente endeudamiento estatal, la crítica situación de la Caja de Seguro Social, la delincuencia organizada, y una economía en transición con el gran reto de generar suficientes empleos. Todas estas tareas requieren que los panameños maduremos y asumamos nuestras responsabilidades ciudadanas. Hoy, el ejercicio del voto razonado y leal con la patria es la medicina que necesitamos colectivamente para construir un mejor país. El juego limpio, el respeto a la voluntad de la mayoría y de los derechos de las minorías son antídotos clave para combatir las plagas latinoamericanas de la tiranía y la corrupción. Los próximos cinco años serán el resultado de la decisión de hoy.
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05 may 2019 - 05:00 AM