El proyecto de ampliación de la avenida Omar Torrijos ha caído en una fase de estancamiento, con consecuencias devastadoras para la ribera canalera y un posible conflicto contractual entre el Ministerio de Obras Públicas y la empresa contratista. Desde sus inicios, este proyecto, que pretendía aumentar a cuatro carriles la importante avenida, encontró resistencia por parte de actores clave y, sobre todo, de la comunidad, que se escandalizó por la destrucción de bosques con una enorme importancia histórica, cultural, ambiental y estética. Ante los hechos, las autoridades, especialmente las que asumirán el poder el próximo 1 de julio, deben tomar en cuenta que hay una afectación ambiental que debe ser corregida. Este es el resultado de obras que se hacen sin la debida planificación y evitando la amplia consulta ciudadana.
Otra vez se evidencian las debilidades de las instituciones que debieron cuidar nuestro frágil ambiente y que dejaron de pensar en el valor de estos bosques. Sea cual sea el desenlace de esta situación, Panamá ha perdido. Ahora corresponde que el daño causado sea resarcido en el mejor interés del país.