Hoy por hoy

Si los gobernantes manejaran sus negocios personales de la misma forma como lo hacen en la administración pública, seguramente serían unos fracasados. El patrimonio de todos los panameños es como una piñata a la que golpean hasta que su contenido cae al piso, pero los únicos invitados a tomar parte del festín son los políticos que, sin vergüenza alguna, se llenan sus bolsillos, dejando las sobras para los que pagan la fiesta. Las evidencian sobran. Las estructuras de salud que mandó a construir la pasada administración sirvieron de excusa para hacer negocios, pero el actual gobierno ha debido practicar un rescate de estas para que, al menos, algo le quedara a la población de esta absurda fiesta de gastos sin sentido. Pero yacen ahí, carcomidas y pudriéndose por su falta de uso. La canallada es doble: recursos destinados a fines irracionales, pero, a la vez, sin darle uso. Así de mal están las cosas: sinvergüenzura e incapacidad, la peor de todas las mezclas. Por el bienestar de la gente que lo necesita, esperamos que las nuevas autoridades rescaten estas estructuras; que generen incentivos para lograr que la juventud curse carreras que puedan satisfacer las apremiantes necesidades de salud, y que los responsables de tanta negligencia y saqueo sean denunciados para que paguen por tanto desparpajo. Panamá es un país rico, eso lo sabemos todos, pero no por eso debemos creer que nuestros recursos son infinitos. Solo hay que ver que, con tanto petróleo, Venezuela ahora es un país pobre.

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