Hoy por hoy

Las promesas de transparencia de la nueva administración, son un viento de esperanza dentro de un panorama político cargado de incertidumbres. Aunque el compromiso manifestado por el primer mandatario de la República, sobre el respeto de los periodos de designación de los procuradores es un gesto de institucionalidad, las tentaciones y exigencias de reconocidos miembros de su partido político, y otras voces agoreras, provocan cierto estupor. El nuevo poder Ejecutivo debe reconocer que la transparencia y el acceso a la información no son únicamente una conferencia de prensa oficial, sino una política de información pública que haga permanente el acceso de los ciudadanos a todas las fuentes estatales. La transparencia se garantiza con el control de los conflictos de intereses y el cumplimiento de la entrega de las declaraciones patrimoniales que los servidores públicos con mando y jurisdicción deben hacer. Tampoco se puede pretender que el Estado panameño sea transparente en el extranjero, si no lo es localmente. La peor forma de opacidad es aquella que se disfraza como transparencia.

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