Hoy por hoy

Por siglos, las distintas civilizaciones han intentado dominar los mercados, usando el control de precios como una herramienta para asegurar que su población tuviera acceso a productos de consumo a un costo razonable. Aunque la medida puede tener efectos positivos a corto plazo, las distorsiones que produce en la economía son severas. Por una parte, los actores económicos son sofisticados y pueden transferir la ganancia perdida al precio de otro producto, tan o más necesario como el que fue regulado. Por cierto, hay que contemplar otros efectos, como la escasez y la disminución de calidad en los productos. La decisión de liberar los precios de algunos productos, es valiente y necesaria. Seguramente habrá especuladores que aprovechen la oportunidad para aumentar los precios, sin darse cuenta de que harán más difícil justificar que se termine completamente con el control de precios. El Gobierno tiene otras herramientas en el arsenal económico para abaratar costos y precios al consumidor. Por ejemplo, una revisión de las reglas del mercado eléctrico pudiera abaratar los costos de todos sin necesidad de subsidios. Quizás el aumento de la producción nacional y la creación de mercados periféricos contribuyan a mejorar los ingresos y la alimentación de la ciudadanía. El reto es difícil, y la lección es clara: no hay atajos en los mercados.

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