Hoy por hoy

Hoy los panameños, los estadounidenses y muchas otras nacionalidades celebran la entrada del panameño Mariano Rivera al Salón de la Fama del béisbol. Este hijo de Puerto Caimito estaba destinado a la grandeza del deporte. A pesar de sus orígenes humildes en un hogar de pescadores, Mariano fue persistente y dedicado. Llegó como extranjero a Estados Unidos, sin saber inglés, careciendo de recursos económicos, pero con ansias de alcanzar grandes cimas. Se convirtió en el mejor lanzador cerrador de todos los tiempos del béisbol profesional de Estados Unidos. Hoy entra al Salón de la Fama, como panameño, con nuestra bandera y nuestro agradecimiento. Un extranjero bienvenido en un país extraño, que le abrió las puertas y le permitió desarrollar su talento. No es un cuento de hadas, es la razón por la que todos debemos mirarnos en ese espejo. Así quizás los Marianos del futuro no se pierdan entre la histeria de la xenofobia y la ignorancia de la discriminación. Jamás podremos olvidar los logros y victorias de Mariano, como tampoco podemos olvidar a los niños y jóvenes que se quedaron sin implementos deportivos o apoyo para el desarrollo de su talento, porque un político se aprovechó de su necesidad o desvió los fondos que le habrían permitido convertirse en un grandes ligas. Por demostrar lo que es posible, es que Mariano Rivera es grande de verdad.

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