Hoy por hoy

Los diputados de la Asamblea Nacional tienen que tener una cosa clara: los tiempos de la patria boba pasaron hace muchos años. Los ciudadanos hemos visto en la Asamblea Nacional cómo sujetos elegidos por el pueblo han enlodado una noble vocación: la de ser político, la de servir al país. Pero tal parece que algunos de ellos aún siguen viviendo en el pasado. Las justificaciones para adquirir los lujosos vehículos destinados a los flamantes miembros de la directiva de la Asamblea parecen extraídas de una historieta humorística: mantener comunicación –a través de consultas ciudadanas– con cada provincia y comarca del país. Esta justificación se parece a la de los exdiputados Rogelio Alba y Enrique Garrido, que allá por 2004 se compraron –exoneradas de impuestos– sendas camionetas Porsche Cayenne para visitar a sus electores en las islas e islotes del archipiélago de Guna Yala. Mientras instituciones como la Caja de Seguro Social y los ministerios de Obras Públicas, Salud y Educación deben hacer fuertes aportes para la contención del gasto público, los diputados nos restregarán en la cara el lujo que el Estado puede pagarles a expensas de las necesidades del pueblo que los eligió. Quizás se puede ser menos empático, pero nunca tan caradura.

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