Hoy por hoy

El discurso de odio de algunos diputados es vergonzoso y revela, por un lado, los profundos complejos de los que sufren, y por el otro, una retórica barata para apartar la atención sobre sus cuestionables prácticas. Sus disertaciones en la Asambleas están plagadas de xenofobia y de clasismo. Hablan de poderes económicos que los quieren fuera de la Asamblea Nacional o que hacen grandes negocios con el Estado, etc. ¿Acaso los diputados olvidan que varios de ellos se convirtieron en millonarios de la noche a la mañana a costa del dinero de nuestros impuestos? ¿Que ellos mismos responden a poderosos intereses económicos de quienes les pagan sus campañas proselitistas? Si fueran políticos honestos nadie los estaría criticando, salvo por sus errores, pero no debemos olvidar que los políticos detentan otro poder: el político. Y todos hemos visto para qué lo utilizan: para coimear, para robarle plata al Estado, para actuar con impunidad, para recibir y pagar favores, para traficar influencias, para hacer negociados, para vender leyes, para manejar información privilegiada, para servirse del Estado. Simplemente no son mejores que sus amos ni tienen moral para criticar a otros. El Estado es el botín que se arrebatan tras las elecciones. Qué pronto se han desnudado, dejando ver lo que realmente son: aves carroñeras dispuestas a lo que sea necesario para obtener la parte del Estado que reclaman como suyo.

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