Hoy por hoy

La nueva administración del Ministerio de Educación se enfrenta a los problemas crónicos de esa institución. A pesar de que existe un Compromiso Nacional por la Educación para el mejoramiento de este sistema, el lastre de un ministerio burocratizado, las inacabables reclamaciones gremiales y el alto nivel de deserción escolar son problemas reales que deben ser resueltos. El país tiene la esperanza de que finalmente se midan cada una de las prácticas y productos educativos que se le ofrecen a la ciudadanía. No es posible esperar 30 años para tener un cambio tangible en la calidad educativa. Esta debe ser la principal prioridad de la nueva gestión. A la vez que se amplía y mejora la cobertura del sistema, se debe impulsar la calidad de la enseñanza. Panamá no tiene los rendimientos académicos correspondientes a la inversión que se realiza en esta temática. El tamaño de la abultada burocracia y el exagerado centralismo en materia de compras, mantenimiento e innovación son manifestaciones que deben ser superadas rápidamente. Así, una mejor eficiencia interna y una mayor cobertura con calidad en la enseñanza son el camino para la educación del siglo XXI. No hay mayor bien que se le pueda hacer a este país que mejorar su educación.

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