Hoy por hoy

Lo que viene sucediendo en Darién es insostenible. La tala indiscriminada y sin controles reales por parte de las autoridades comenzará a cobrar sus cuentas en un plazo más corto del que nos imaginamos, teniendo efectos devastadores no solo para la biodiversidad de esa región, sino para todo el país. Tal parece que los intereses económicos de aquellos patrones de la industria maderera y agrícola –que ven en las verdes selvas de esta provincia el sitio ideal para amasar fortuna– han encontrado en los gobiernos de turno y en la clase política un escudo protector. El uso de tecnología para ejercer un mejor control sobre la tala en Darién es un buen comienzo para detener a esta especie de mafia a la que poco parece importarle que el propio Ministerio de Ambiente haya ordenado suspender los permisos de extracción. Lo cierto es que, de no hacer nada, nuestro tapón del Darién, como le ha comenzado a suceder al Amazonas, perderá su biodiversidad y con ella los recursos naturales que en él se encuentran. Ni el cambio climático ni sus efectos son una teoría de conspiración. Son tan reales como las tierras áridas por falta de agua, las especies ya extintas y los millones de seres humanos que mueren de hambre en el mundo.

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