Hoy por hoy

La delincuencia común provocó la muerte de 10 personas este fin de semana. Pareciera que los victimarios han enviado un mensaje a autoridades y ciudadanos: las calles son nuestras. Mientras tanto, en la Policía Nacional le cambian el nombre a las unidades policíacas encargadas de reprimir la delincuencia. Cada director que ha tenido la entidad tiene su muy personal librito para hacer las cosas, creyendo que solo con ello la seguridad ciudadana mejorará. Nada es peor que creerse dueño de una única solución, porque los problemas de la seguridad son enmarañados y no es la represión la que, por sí sola, los resolverá. Si este asunto no se aborda en toda su complejidad, seremos testigos del fracaso, una y otra vez, pues solo se aborda uno de sus múltiples componentes. ¿Qué hacen los demás actores, empezando con los padres de familia y el hogar, pasando por las escuelas, por las políticas de gobierno sobre esos temas? Ello sin contar con el triste rol que juega el órgano Judicial, cuyas sentencias son una invitación a un mercado persa en el que se pueden obtener fallos a la medida. La seguridad del país es algo que atañe a todos los ciudadanos y no solo a una institución.

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