Hoy por hoy

Hace dos meses exactos, Laurentino Cortizo tomó posesión. La población acogió con optimismo el discurso del nuevo presidente en cuanto a desarrollo económico y social, así como sus señales de una posible inclinación hacia el respeto a la independencia de los órganos del Estado. Con una Asamblea renovada, en la que 35 de los 71 diputados son copartidarios del nuevo mandatario, no se auguraban tensiones como aquellas que distinguieron los últimos años del gobierno anterior, cuando los nombramientos solicitados por el entonces jefe del Ejecutivo abrieron la puerta a una guerra de baja intensidad que comprometió la aprobación de importantes leyes. Pero Cortizo no parece estar inmune a una situación semejante, no porque se encuentre ante una ruptura política con la bancada de su partido, sino porque algunos diputados de esa facción impulsan su propia agenda, invadiendo algunas atribuciones propias del Ejecutivo. Así vemos que, sin ningún estudio del problema ni articulación con los objetivos de gobierno, miembros de la bancada perredista promueven ciertas propuestas legislativas que marchan en rumbo de colisión con las políticas definidas por el Ejecutivo. Aunque la independencia de ambos órganos podría hasta ser encomiable, ojalá estos arrebatos de la Asamblea sean una simple manera de generar atención esporádica, y no estemos ante una nueva modalidad legislativa para hacerse temer, y luego resolver calladamente a punta de prebendas.

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