Hoy por hoy

La serie de reportajes que publicamos desde hoy se basa en los hallazgos de un ciudadano que, sientiéndose vulnerado por la justicia local, contactó una agencia de inteligencia israelí para que lo ayudara a documentar los vicios del sistema. Una vez contratados, los agentes encubiertos se dieron a la tarea de atraer y hacer hablar a un abogado panameño que, en aras de vender sus servicios a un supuesto cliente ruso, hizo gala de las artimañas que sabe utilizar para gestionar, desde permisos hasta fallos judiciales. El material –grabaciones y videos- fue obtenido en territorio español y divulgado por primera vez en ese país. Una vez este diario tuvo acceso a las grabaciones, dado que eran de índole privada, la pregunta fue: ¿Publicamos? Si hoy nuestros lectores tienen acceso a este relato y a los audios que lo sustentan es porque concluimos que la libertad de expresión tiene una dimensión que conlleva la obligación de difundir información de interés público y que nuestro deber es garantizarle a la comunidad ese derecho. Dicho esto, solo queda advertir que estas publicaciones exponen de manera descarnada una herida que sigue abierta y que amenaza a todo un país. Nuestro sistema de justicia está enfermo.

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