Hoy por hoy

El diputado del PRD Benicio Robinson apuntaba recientemente que su colega, el diputado Juan Diego Vásquez, hacía que la Asamblea Nacional fuera objeto de escarnio público. Si el novel diputado tuviese tales influencias, seguramente no sería por los asuntos vinculados con la trayectoria del propio Robinson. Mientras una hija recién graduada recibió una designación en un alto cargo en Etesa, y otro hijo ocupa una destacada posición en la Caja de Seguro Social, el afortunado padre no puede ser culpado de tráfico de influencias. A pesar de la imputación por delitos muy graves de los empresarios que fueron la contraparte del escándalo de Pandeportes, de los bates y equipos de béisbol, Robinson disfruta de las mieles del poder gracias a la impunidad absoluta que le otorga la Corte Suprema de Justicia, que se ha negado a condenar a un solo diputado por cualquiera de las horrendas conductas que se les han atribuido con abundancia de pruebas. Si el diputado Vásquez avergüenza a la Asamblea es porque enfoca la luz de la opinión pública sobre diputados como Benicio Robinson, que se han apoderado del poder público para su beneficio.

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