Hoy por hoy

Los poderes públicos se encuentran entrampados en controversias. La nueva administración que prometió un “buen gobierno” está enfrentada a la mayoría legislativa de su propio partido, que al parecer no comparte los mismos colores del equipo presidencial. Las consignas de “No mentir”y “No robar” se quedaron traspapeladas en los discursos de campaña. Lo cierto es que mientras el Presidente de la República ha intentado darle un tono conciliador y transparente a su gestión, la Asamblea Nacional apunta a la dirección opuesta. Las ilusiones rotas de un despegue económico rápido, y el manejo tolerante del incidente de la directora del Servicio Nacional de Migración, le han restado capital político a un primer mandatario que se percibe que gobierna a distancia. El país real necesita ver, escuchar y sentir más directamente al Presidente. A la vez que lidera, debe tender puentes de estabilidad emocional y política a los diputados que dicen compartir agenda con su gobierno. A todo el país le conviene que la administración de Laurentino Cortizo tenga éxito. La clave es evitar que las pequeñas ambiciones de sus copartidarios hundan la nave del Estado.

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