Hoy por hoy

En 1904, el gobierno de la muy joven República de Panamá aprobó la Ley 52 por la cual se ordenó la construcción del Teatro Nacional. El arquitecto italiano Giusseppi Ruggieri se encargó de hacer los planos de la magna obra. Los padres fundadores de este país entendieron el poderoso efecto que tendría la presencia de una edificación como nuestro Teatro Nacional. En los 111 años de su existencia, la salitre y la humedad del paso del tiempo y el pesado tráfico vehicular, causaron estragos que requirieron de una amplia restauración. Nuevamente con sus puertas abiertas, el Teatro Nacional se presenta como una gema, símbolo de orgullo y herramienta de la cultura. El mantenimiento debe ser permanente, y su uso debe ser democrático y equilibrado, permitiendo que sea conservado, pero que a la vez nuevas generaciones de panameños lo conozcan. La reapertura debe servir como punta de lanza para dotar al país de más teatros y centros culturales que dignifiquen a los panameños, promoviendo nuestra superación y nuestro crecimiento cultural. Hoy volvemos a tener esta vitrina de arte. Celebremos y trabajemos por su permanencia.

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