Hoy por hoy

La Defensoría del Pueblo va rumbo a la acefalía. Las versiones políticas y de otra naturaleza indican que en los próximos días el defensor del Pueblo podría cambiar. Pareciera que la visión de los diputados es tener otro espacio político para nombrar copartidarios o llenar una cuota de empleos. Esa no es la génesis de la Defensoría. Por el contrario. Se supone que es un organismo creado para darle voz a los que no la tienen y destacar aquellos temas incómodos que la sociedad rehuye. La seguidilla de defensores que ha dirigido la entidad fue cediendo, gradualmente, más y más espacio al vampirismo político. La actual defensora adjunta es una política partidista identificada más con el PRD que con la defensa de los derechos humanos. La gran amenaza es que la Defensoría del Pueblo sea silenciada y tengamos un país con las puertas cerradas a la esperanza y al sano reclamo de los derechos humanos. Los panameños merecemos mucho más.

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