Hoy por hoy

La Comisión Especial de Evaluación de todos aquellos que aspiran a ser magistrados de la Corte Suprema de Justicia hizo una labor maratónica al examinar las credenciales de más de 120 abogados que se presentaron al proceso. El Gobierno le concedió 10 días para entrevistarlos, evaluarlos, analizar su vida profesional y personal y hacer un informe que finalmente fue entregado ayer al Presidente de la República. Pero, por más buenas intenciones que tuviera el Ejecutivo para que la comisión hiciera esa labor, el tiempo otorgado para ello fue insuficiente. No se trata de cualquier nombramiento. En esta ocasión, reviste de especial importancia elegir a los mejores, y esos atributos deben ser analizados con sumo cuidado o, de lo contrario, el resultado es la penosa composición actual que tenemos en la Corte Suprema. Solo tenemos que recordar que estos hombres y mujeres son los únicos capaces de transmitir la tranquilidad que necesitamos los panameños en momentos en que pareciera que la delincuencia ha llegado al corazón del Órgano Judicial, corrompiéndolo, a tal punto de que por momentos empezamos a creer que el país ha sido conquistado por la delincuencia organizada, los cárteles de la droga, el sicariato y la corrupción política. No se equivoque, Presidente, en esos nombramientos se juega mucho más que un cargo. Un error y el país terminará en algo mucho peor que en las manos de los militares que gobernaban nuestro país junto con el narcotráfico.

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