Hoy por hoy

El espectáculo de ayer en el pleno de la Asamblea Nacional demostró las manos irresponsables que llevan el control de los asuntos más importantes del Estado. Al defensor del Pueblo se le convocó a un linchamiento. Nunca conoció su expediente, como tampoco lo conoció la gran mayoría de los diputados y diputadas que actuaron en la rocambolesca ópera bufa. La Asamblea Nacional se transformó en un triste patio limoso, que redujo al nivel de chisme tropical un asunto tan serio como el presunto acoso laboral y sexual. Una mayoría de los diputados demostró su “poco importa”. Las víctimas, reales o supuestas, fueron un mero instrumento de intimidación. Era verdaderamente chocante la vulgaridad socarrona, el doble sentido y la mofa que vino de un colectivo que, precisamente, tiene a uno de sus colegas denunciado por violación de múltiples mujeres, incluyendo menores de edad. Con este antecedente, ¿De verdad tienen moral los diputados para juzgar a otros?

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