Hoy por hoy

Sin gloria y con mucha pena, concluyó la primera legislatura de la Asamblea Nacional en el quinquenio de la administración Cortizo. La gran mayoría de los proyectos de leyes que conocieron los tres debates fueron iniciativa del Poder Ejecutivo. Esto, a pesar de lo virulenta y asertiva que es la generación actual de diputados. No fueron capaces de producir una nueva ley de Reglamento Interno ni de modificar la legislación de contratación pública ni mucho menos fortalecer el combate de la corrupción. La Asamblea fue la gran fuente de nuestras tristezas, preocupaciones e incertidumbres. Los diputados de la bancada gobernante decepcionaron al país, y rompieron con el mensaje positivo del primer mandatario. La forma tan procaz y vulgar en que en que se desarrolla el periodo de incidencias del pleno de la Asamblea es una mancha del parlamentarismo panameño. Todo el país fue ofendido por la indecencia en el seudo juzgamiento del Defensor del Pueblo. Esto, como si fuera poco, fue empeorado con las diatribas y los arrebatos del proceso de reformas constitucionales. La única esperanza es que los diputados entiendan la razón de ser de la protesta ciudadana.

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