Hoy por hoy

El presidente Cortizo tiene razón. Parte de las reformas constitucionales introducidas por los diputados carecen de legitimidad y nunca fueron pensadas para beneficiar al colectivo nacional. Son producto de la enfermiza sed de poder de diputados que muy bien saben que serían rechazadas en un referéndum. De ahí que el Presidente piense que existe una conspiración para que, con el rechazo popular, permanezca la actual –es decir, nuestra vieja Constitución– dando así al traste con la ya gastada ilusión de actualizarla. No hay duda de que hay intereses –en especial, entre miembros del PRD– que abogan por mantener las cosas como están. Después de todo, han funcionado de maravilla para los políticos… hasta ahora. Dejarse arrebatar lo que les ha funcionado tan bien no está en sus planes, salvo que sus disparates sean aprobados por la sociedad para apuntarse más poder, privilegios e impunidad. Los ciudadanos debemos tener presente que esos cambios introducidos en el texto constitucional permanecerán solo si lo permitimos. Es hora de que los políticos comprendan que son servidores de un pueblo que los eligió, pero no para hacer lo que a ellos les venga en gana. Están ahí con nuestros votos, pagados con nuestros impuestos. Están obligados a obedecer el mandato de sus electores, no el de sus bolsillos e intereses.

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