Hoy por hoy

La junta comunal del corregimiento de Calidonia quiere comprar 3 mil jamones, por un valor aproximado de 62 mil dólares. Está de más explicar el destino que tendrán esos jamones en las festividades de fin de año. Su función real es sumamente perversa: perpetuar el clientelismo político y el parasitismo en las comunidades más vulnerables del país. Cualquier líder responsable encontraría en estos tiempos de contención del gasto público, un uso más beneficioso de esos fondos para el desarrollo de su corregimiento. Seguramente, las escuelas de ese corregimiento se pueden perfeccionar, las aceras necesitarán arreglos y quizás sus votantes, con un poco de capacitación, podrían mejorar su empleo o desarrollar una micro empresa. Nada de esto les interesa a los políticos panameños, que sin importar su partido, persisten en continuar con la humillante práctica de fomentar largas filas de ciudadanos en busca de un jamón. A otra escala, el Instituto de Mercadeo Agropecuario venderá de forma subsidiada cientos de miles de jamones, cumpliendo así una función vital del gobierno: mantener vivo el clientelismo de la población panameña.

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