Hoy por hoy

Después de 30 años de la caída del muro de Berlín, una vergonzosa barrera a la libertad humana, persisten los espíritus de la separación, la marginación y la discriminación. En todo el Orbe hay muros físicos o simplemente jurídicos que sirven para separar lo que debe estar unido. Quizás los peores muros son los mentales, que no reconocen la necesidad de fomentar sociedades incluyentes, plurales y tolerantes de la diversidad y la diferencia. La desigualdad se ha convertido en un gran muro para la sociedad panameña, ya que de un lado mueren los niños de hambre y del otro, diputados corruptos inventan fraudes con implementos deportivos fantasmas. La corrupción y el juega vivo han cimentado una muralla que tiene rodeada a la sociedad panameña y que cada vez mas, nos encierra en un régimen de miserias y desesperanza que evoca a la de los países socialistas franqueados por el muro de Berlín. El cerebro humano y la gran búsqueda de la felicidad que anima al progreso tienen que derribar muros de todo tipo, para que esta humanidad viva en paz, en libertad y con equidad.

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